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Carl Gustav Jung La obra de Jung es como su vida. Cada momento vital se vierte en el pensamiento desarrollado en ese trabajo tan inmenso, tan dispar, tan ambiguo e inacabado como su propia historia. El concepto junguiano se contextualiza en la biografía de Jung, que él mismo escribió y que como dice Paloma Muñoz Vázquez es “un libro que lejos de recopilar encuentros con personalidades famosas, de los que, sin duda, Jung podría elaborar una larga lista, se centra en el relato de aquellas vivencias internas, únicas y dignas de mención, en la vida de un hombre que consideraba el acontecer y la experiencia individual, como las fuentes auténticas de la creación”. Carl Gustav Jung nació en Kesswill, una pequeña población de la Suiza alemana, al borde del lago Constanza, el 26 de julio de 1875 y murió en su casa de Küsnatch, también en Suiza, el 6 de junio de 1961. Era hijo de Johann Paul Achilles, un pastor de la iglesia evangélica reformada, filólogo y teólogo y de Emilie Preiswerk, una mujer poco cultivada intelectualmente, pero con un gran interés por lo oculto y lo ancestral. Estos datos que parecen anecdóticos, marcarán la personalidad de Jung y contribuirán a la formación de la teoría de la tensión de los opuestos, que sin duda también se relaciona con la sombra. Así su padre que era un hombre dogmático, “con una religión árida y reseca_ afirma Robin Robertson_ porque nunca creyó en su propia vocación”, con el que nunca pudo llegar a un consenso, ni tan siquiera al diálogo, representará, en su intraconciencia el dogma, la intransigencia, de lo que él huye toda su vida, pero que se le vuelve a presentar, tal vez precisamente por no querer verlo en él mismo: es lo que mucho más tarde encarnará su segundo padre, Sigmund Freud. Y por otro su madre, con la que se identifica en su manera de pensar y de ser, primero por su interés por el misterio y por otro lado por una mentalidad profundamente abierta en este pensador que le lleva a crear “un método en el que no se rechaza un hecho por su mera incomprensión, sino que aceptándolo como real, se investiga, para llegar posteriormente a una explicación provisional, que deberá ser entendida más como una nueva hipótesis que como un postulado definitivo”. Gracias a esta apertura Jung pudo desarrollar conceptos tan variados y revolucionarios como la visualización creativa, la expresión del inconsciente a través no sólo de los sueños, sino de la producción artística y escritura, además del dibujo de mandalas. Esta libertad mental le llevó a buscar en los mitos mapas para entender los sueños de sus pacientes y en la alquimia la trascendencia del bien y el mal. El origen de toda esta riqueza interior ha de buscarse de nuevo en su vida. Sin hermanos hasta los nueve años, cuando nació su hermana, e inmerso en plena naturaleza, creció solo, sin el entretenimiento ni la compañía de otros niños, lo que le convirtió en un niño enfocado hacia dentro, hacia sus propios recursos, un tipo introvertido, como él se definió. Este talante de solitario le acompañó toda la vida junto a la sensación de ser un incomprendido, por sus amigos, entorno y también sus colegas contemporáneos. El sentimiento de diferencia le conducirá al aislamiento y en parte, esa será una de sus sombras, como dice Paloma Muñoz . Uno de los acontecimientos más importantes que tienen lugar en la etapa escolar es que a los doce años experimenta la existencia dentro de su psique de dos personalidades. Una es la persona externa, el Yo consciente, es decir el niño de doce años que era y la otra un anciano que había existido desde siempre. El niño de doce años representaba al Yo individual y el anciano, el inconsciente colectivo, que hasta ese momento estaba cerrado a la conciencia, por ello aparece en forma de anciano sabio, es una figura arquetípica de la cultura ancestral, representa lo que está desde hace mucho tiempo. Este episodio de la vida de Jung es curioso porque los analistas junguianos afirman que el inconsciente colectivo hace su aparición justo a los doce años, cuando el niño sale del cascarón de su familia y se abre al mundo. Me parece importante hacer mención y explicar el concepto de inconsciente colectivo, puesto que es una de las mayores aportaciones de Jung. En su práctica clínica, a través del análisis de los sueños, encontró fenómenos psicológicos los cuales no podían ser explicados desde la experiencia personal. Descubrió asimismo que muchos de estos fenómenos estaban relacionados con temas mitológicos y ancestrales del pasado cultural de la humanidad, sin la sóla alusión a alguna referencia individual que los explicara. Esto le lleva a pensar que podía tratarse de una influencia de componentes colectivos, manifestados de manera simbólica en acontecimientos especialmente intensos de la vida de los individuos. Para Jung el inconsciente colectivo está conformado por imágenes primordiales procedentes de la historia de la humanidad, sería la herencia espititual de la evolución del ser humano, que nace en la estructura cerebral de cada individuo. Robin Robertson puntualiza que “el concepto junguiano de inconsciente colectivo no es una construcción filosófica ni un dogma religioso; es un intento, aunque a veces, ciertamente, algo primitivo, de presentar una descripción ajustada al mundo interior de la psique y su relación con el mundo material exterior”. Buscando en las fuentes de la mitología y los cuentos de hadas para entender los significados de algunos sueños, Jung descubre cómo en los mitos se reflejan los conflictos humanos, así como sus soluciones. Todos los conflictos individuales con todos los matices que los hacían únicos, tenían una raíz en común a toda la humanidad. Otro de los episodios que más marcaron al psiquiatra suizo fue conocer a Sigmund Freud. Cuando se encontraron en 1906 Freud ya había realizado parte de su obra más importante, frente a Jung que acababa de iniciarse en la psiquiatría y psicología clínica. Freud le llevaba diecinueve años a Jung y lo que vió en él fue el discípulo elegido para secundar su psicoanálisis, entonces todavía desconocido por muchos y duramente criticado por la comunidad científica y darlo a conocer. Jung admiraba a Freud, sin embargo, no coincidía con éste en la opinión acerca de la psique humana, para Jung era más compleja de lo que Freud planteaba, además Jung se daba cuenta de que Freud había convertido una simple teoría en un dogma y eso era de lo que precisamente huía Jung Cuando éste se atrevió a exponerlo, Freud se separó de él de una manera violenta y definitiva. Con esto, como decía antes, Jung vuelve a encontrarse con el dogmatismo de su padre, reviviendo todo el dolor. Podría seguir hablando de la vida de Jung y encontraríamos respuestas a todo su pensamiento, pero lo que considero más importante podría resumirse en:
Citas bibliográficas C. G. Jung, Recuerdos, sueños y pensamientos. Ed. Seix Barral, Barcelona, 1971 Paloma Muñoz Vazquez, Ser uno mismo, Ed. Kaicrón, Castellón, 2006. p. 27 Robin Robertson, Introducción a la psicología junguiana. Obelisco. Barcelona, 2002, p. 19
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